Mi casa en marte, realidad o ficción

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Desde que el ser humano ha pretendido buscar territorios fuera de la tierra, Marte ha parecido siempre el planeta más adecuado para una posible y/o futura colonización. Un escenario que se basa en contemplar la posibilidad de poder implantar vida humana fuera de nuestro planeta. Esta inquietud, consecuencia de las características ambientales que tiene este planeta, siempre pasa por diseñar una arquitectura que aporte las condiciones físicas y también psicológicas para hacerlo posible.

Un reto, que hace de la arquitectura una condición necesaria para poder hacer de Marte un lugar habitable.

En Marte es materialmente imposible desarrollar la vida tal cual la tenemos entendida en la Tierra. Pensemos que la temperatura pasa de 30º durante el día a -150º por la noche. Y esto en su ecuador, porque en los polos el hielo eterno aún hace que sea más baja la temperatura. Además fuertes vientos, tempestades y tormentas acompañan de una forma periódica la climatología. La presión atmosférica es más baja que la nuestra. La gravedad también es menor que la nuestra, esto le hace imposible retener la atmosfera como en la tierra, además se compone del 97% de dióxido de carbono. También los rayos ultravioletas son de una intensidad mortal, porque al no disponer de capa de ozono, hacen de la radiación solar un peligro para el ser humano. Y, sobre todo, en lo que hace referencia a la distancia de la tierra, con la tecnología actual se necesitan 7 meses de viaje solo para poder llegar.

En resumen, unas preexistencias ambientales que hacen de este planeta un lugar inhóspito e inhabitable.

Bajo estas premisas, que determinan de una forma meridiana la imposibilidad de ubicar vida, han surgido propuestas que han tomado como base una arquitectura específica que proporcione una habitabilidad que Marte no dispone. Con este convencimiento se han realizado diversos proyectos arquitectónicos que intentan poner remedio a estas limitaciones externas tan extremas. Arquitectos de reconocido prestigio han analizado juntamente con agencias espaciales de diversos países, los requisitos que necesita la arquitectura para, bajo estas circunstancias, sobrevivir en condiciones similares a las nuestras. Unas propuestas arquitectónicas que ubicadas siempre en el ecuador marciano, se desarrollan a medio camino entre la realidad y la ficción.

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Son interesantes los planteamientos realizados por Bjarke Ingels Group, un joven arquitecto de reconocido prestigio internacional, que apuesta por implantar colonias humanas, bajo el criterio de unas arquitecturas que encerradas en sí mismas, se aíslen de este exterior marciano siguiendo las tendencias actuales del cocooning comentadas en un artículo anterior. Así mismo, otros estudios también de reconocido prestigio, han proyectado diferentes modelos de edificios con el mismo fin último de dotar de la habitabilidad necesaria para poder vivir en este planeta tan extremo. Tal es el caso del mundialmente conocido arquitecto Foster + Partners. O las propuestas de Al Space Factory, de Nueva York. O los estudios sobre posibles arquitecturas de la Universidad Northwestern, de Illinois.

Al Space Factory

MARSHA by All Space Factory.

El empresario e ingeniero americano Elon Musk anunció hace poco tiempo los planes para iniciar la colonización de Marte en 2022. En principio sus primeras pruebas, aquellas que se basaban en el aprovechamiento del cohete propulsor, parece ser que han fracasado. De todas formas, tanto este empresario millonario, como agencias espaciales internacionales tienen a Marte en el punto de mira.

Indiscutiblemente que con la tecnología actual, existe la posibilidad de diseñar un tipo de arquitectura que resista y haga habitable un mundo en este contexto hostil, siempre con la premisa de que los futuros edificios tendrán que darnos una respuesta que sea viable. En este aspecto, tendrán que estar obligatoriamente y permanentemente presurizados, como el disponer de una atmosfera interior que garantice una estanqueidad a prueba de todas las condiciones adversas. Las protecciones frente a la radiación, a través de filtros, y que al mismo tiempo permitan el paso de la luz son imprescindibles.

Hoy en día existe cierta dificultad para resolver la fuerte radiación ultravioleta y al mismo tiempo permitir el paso de la luz.

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Lo que todos los proyectos coinciden, es que la construcción de estos edificios o viviendas, se tendrá que realizar allí mismo, sobre el terreno. Dada la imposibilidad de trasladar desde nuestro planeta todo lo necesario para realizar cualquier tipo de construcción. La impresión en 3D, será la herramienta necesaria para trabajar con todo tipo de materiales. Una manera de construir que adaptará la arquitectura al territorio. En la actualidad ya existen impresoras 3D que han construido verdaderos edificios mediante la impresión. Una cuestión que a la larga no tendría que representar ningún problema. Últimamente han surgido propuestas que a través de bacterias de la especie Shewanella oneidensis, puedan tener la capacidad de transformar el suelo marciano en derivados del metal, con lo cual comportaría, gracias a las impresiones en 3D, la fabricación de metal in situ.

Existen otras problemáticas que sin duda alguna se tendrán que resolver, como es la alimentación de sus habitantes, y que supondrá la obligatoriedad de implantar huertos. El abastecimiento de agua. El reconvertir el oxígeno a través del CO2 de la atmosfera marciana. Los paneles solares posiblemente serán el único modo de energía posible. Estos y otros más, son los principales retos que cualquier proyecto de implantación tendrá que resolver. Solucionar todo esto será un requisito necesario e indispensable para albergar vida.

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Vivienda construida mediante impresión 3D.

Una vez resueltas las limitaciones anteriores, habrá que pensar también en la sostenibilidad, residuos etc. Tenemos la experiencia de nuestro planeta que sin ir más lejos, todos estos años hemos vivido a costa de él. Indiscutiblemente que no podremos actuar del mismo modo, no es sostenible. Paralelamente, al tener unas condiciones de habitabilidad imposibles en el exterior, la arquitectura tendrá que hacerse cargo también, no solo de la realidad física que permita la existencia de una forma meramente funcional, sino también, de las anomalías psicológicas que se puedan derivar de la vida en espacios cerrados y con poca relación con el exterior. Vivir en capsulas herméticas no resulta de lo más atrayente.

En definitiva, parece ser que actualmente aún no disponemos de todos los mecanismos tecnológicos necesarios para habitar en este planeta, aunque algunos arquitectos nos muestren unas espectaculares propuestas que les hacen estar más cerca de la ficción que de la realidad.

En consecuencia, aún tendremos que esperar algunos años para poder “disfrutar” de nuestra casita en Marte.

Jaime de Oleza
Arquitecto
13.02.2020