La Sagrada Familia de Barcelona, más arquitectura, menos negocio

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Hablar sobre la construcción del templo de La Sagrada Familia siempre es un tema delicado. Para poder tener un juicio sobre la continuidad de las obras o su paralización, debemos dividir y separar tres conceptos bien diferenciados de lo que representa este monumento para la ciudad de Barcelona. Por una parte y en primer lugar, hay que tener un respeto profundo hacia quien a través de los ideales sociales y colectivos aunando esfuerzos, hicieron factible el encargo del templo.

Un concepto religioso vinculado con la iglesia, que determinó la iniciativa de llevar a cabo el proyecto, y que estuvo acompañado posteriormente por un sentimiento popular que ya desde el siglo pasado se ha postulado como el motor que originó su construcción. Una segunda consideración, vendría determinada por lo que es y lo que representa.

La Sagrada Familia ha sobrepasado su originaria función y ha acabado siendo una atracción turística que se ofrece y se identifica con Barcelona.

Ostenta el record de ser el monumento más visitado de nuestra ciudad, y esto lógicamente ha provocado una problemática logística por el tráfico de autobuses turísticos en la cuidad y sobre todo a sus vecinos más próximos. Una problemática urbanística que aún hoy en día está a la espera de solución. Por último, y no menos importante, hay que valorar la realidad arquitectónica que supone el acierto o no de la continuidad de su construcción. A partir de esta última consideración, que es exclusivamente arquitectónica, se podría hacer necesario hacer un ejercicio de imaginar un nuevo escenario distinto al que actualmente tenemos.

Si hacemos un poco de historia, hay que pensar que las obras de construcción de la Sagrada Familia se iniciaron en 1883 bajo la dirección de un arquitecto llamado Francisco de Paula del Villar Lozano. Este arquitecto, como consecuencia de las desavenencias que tuvo con la Asociación Espiritual de Devotos de San José, asociación promotora del templo, renunció a las obras ese mismo año. Pasando de esta forma el encargo del proyecto y la construcción al joven arquitecto Gaudí, que por recomendación de su maestro también arquitecto Joan Martorell, ese mismo año, en 1883 se hizo cargo de las obras.

Gaudí modificó de forma sustancial el proyecto de su antecesor, hasta y todo transformó detalles de la cripta que estaba ya construida. Ni que decir tiene que la personalidad de este joven arquitecto hizo hacer tabla rasa de las primeras ideas originarias del proyecto. Gaudí era un arquitecto que experimentaba y esto le llevaba a modificar incansablemente el proyecto y la obra en plena construcción, una posibilidad que se le brindaba como consecuencia de las interrupciones que sufría la construcción por la falta de recursos económicos. Esta accidentalidad constante en el proceso constructivo del templo le concedía al joven arquitecto, el tiempo necesario para buscar nuevas soluciones estructurales y constructivas que de antemano no estaban plasmadas en sus primeros dibujos.

Gaudí viendo la importancia y tamaño de la obra, el mismo ya comentaba que no se podría finalizar el templo en una única generación.

Sus últimos años vivió y tuvo su taller en el mismo templo, y desde 1915 hasta su muerte en 1926 a los 74 años de edad, se dedicó en exclusiva a su construcción. Siempre bajo el criterio de una experimentación constructiva constante, que le hizo aportar nuevas ideas durante todos los años del proceso constructivo, algo que hoy en día sería impensable. Desde el primer momento del encargo este afán creativo, se hizo patente definiendo detalles y modelos constructivos en la medida que la construcción iba avanzando. Un ejemplo que así lo atestigua, es que durante los años 1898 hasta 1914, construyó la cripta de la Colonia Güell. Una construcción inacabada y de dimensiones reducidas, en la que experimentó formas helicoidales y parabólicas.

Un proyecto en el que estudió, nuevas formas para las columnas y los pilares que más tarde incorporaría en la Sagrada Familia. Sin embargo, hay que pensar que en esos años Gaudí ya llevaba 31 años construyendo el templo. Es decir, incorporó soluciones en el diseño del templo que iba integrando en pleno proceso de ejecución. Vuelvo a decir, algo que hoy en día no sería viable. Imaginemos cualquier obra de arquitectura en la que se van incorporando diversas soluciones que modifican el proyecto en la medida que avanza su construcción.

Gaudí murió en 1926, y posteriormente durante la guerra civil española, unos revolucionarios destruyeron su taller con todos sus estudios, maquetas y dibujos. La inexistencia de documentos originales, sumado a una interpretación personal de Gaudí, dado que parece ser que únicamente se conservó un dibujo del arquitecto, han servido de base para la continuidad de las obras. Ya en 1959, el arquitecto Oriol Bohigas manifestó que la continuación de las obras de la Sagrada Familia era un error social y urbanístico. No se equivocaba. Desde entonces un cúmulo de profesionales de la arquitectura y de las artes así como diversas asociaciones culturales pusieron el grito en el cielo por la continuidad.

En 1965 se publicó un manifiesto en La Vanguardia cuestionando también su continuidad. Un buen número de destacados profesionales de la arquitectura así como el Colegio Oficial de Arquitectos de Catalunya y el FAD, se adhirieron al este manifiesto. Posteriormente en 1971 un nuevo manifiesto firmado por más de un centenar de conocidos arquitectos volvían a pedir la paralización de las obras. Así mismo en 1976 la revista de Arquitectura y Urbanismo CAU, censuraba todo lo construido después del fallecimiento de Gaudí. Más cercano en el tiempo, en 2009 un nuevo manifiesto firmado por el FAD, denunciaba diversas actuaciones e intervenciones que se estaban ejecutando en el templo y que no eran rigurosas.

Del mismo modo, los Directores de la Catedra Gaudí, Jaume Sanmartí y Juan José Lahuerta se han postulado en el mismo sentido. Como el arquitecto Japonés Hiroya Tanaka, estudioso de la obra de Gaudí durante más de 40 años, que pone en duda la construcción y continuidad de las obras.

En resumen, parece ser que estamos contribuyendo a la continuidad de unas obras en nombre de Gaudí, pero sin ser de él. Puede ser que interese realmente hacer un negocio aunque sea un circo turístico en nombre de este insigne arquitecto. Como dice Tanaka la obra de Gaudí acabó el mismo día de su muerte. Muchos autores creen y no sin motivo, que es posible que un dibujo no sea lo suficiente para la continuación de unas obras de esta complejidad y envergadura.

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Seguramente con la paralización de las obras perderíamos turistas, aunque ganaríamos en rigor. La realidad es que estamos construyendo un falso Gaudí, y en este aspecto no sería más impecable y estricto reconstruir nuestro patrimonio con criterios actuales que indiscutiblemente serían más auténticos?.

La historia nos dice que el patrimonio arquitectónico más significativo se ha construido sobre los cimientos de edificios existentes.

Un claro ejemplo ha sido en Berlín, con la reconstrucción de la cúpula del Reichstag, un proyecto emblemático del arquitecto Norman Foster para el parlamento alemán. Un edificio que fue destruido durante la segunda guerra mundial, y que las autoridades alemanas creyeron, con acierto, la opción de no reconstruir el edificio con el mimetismo que tenía la construcción derribada. Un ejemplo de cómo se tiene que acometer una reconstrucción bajo un planteamiento actual. El resultado es bien visible y admirado por sus ciudadanos y visitantes.

Nunca es tarde si queremos actuar con rigor y alejarnos de lo que bien podría ser un souvenir arquitectónico. Barcelona siempre ha sido y será una ciudad con un gran impulso social, económico y cultural. Unido además al tener grandes arquitectos de prestigio que son reconocidos internacionalmente. Es una lástima no tener la sensibilidad de poder incorporar en obras tan significativas este valor añadido y potencial que tiene nuestra ciudad. En definitiva, el objetivo último siempre ha sido el acabar con la construcción del templo y esto tiene sus seguidores. Ahora bien, bajo esta perspectiva, parece ser que hacemos nuestra la conocida frase del célebre filósofo y político italiano Nicolás Maquiavelo que afirmaba El fin justifica los medios.

Jaime de Oleza
Arquitecto
17.06.2019