Cuando el intento de conservar acaba por precipitar su destrucción

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La paradoja aparece por desgracia, cuando se produce un accidente en unas obras de rehabilitación del patrimonio que su objetivo era precisamente lo contrario, es decir la conservación del mismo. Construcción, restauración o bien rehabilitación se unen en un proceso diabólico que lleva a la destrucción de lo que queremos conservar. Un proceso que normalmente ha sido constante en la historia. O bien por negligencia, o por accidente o de forma intencionada.

Una realidad que en estos últimos años ha pasado por efectos catastróficos como han sido las Torres gemelas, los Budas de Afganistán, La gran mezquita de Alepo en Siria, el Teatro de La Fenice en Italia, la Capilla Privada del Castillo de Windsor en Inglaterra, y algunos casos más cercanos a nosotros como la cubierta de la Catedral de León, o bien nuestro Liceo en Barcelona. Parece ser que existe un destino catastrofista que en ocasiones pretende ponernos en guardia y valorar de forma sorpresiva aquello que estamos acostumbrados a ver. Es la pérdida de un familiar que estando en vida siempre nos han quedado cosas por decir.

La catedral de Notre Dame despierta el sentimiento popular

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Es la historia de la cultura donde han pasado y pasan muchas cosas. La novela de Victor Hugo, la coronación de Napoleón etc. La memoria histórica sin embargo subyace a cualquier accidente. La Catedral de Notre Dame de Paris es constructivamente un ejemplo significativo del gótico europeo. Disponía de una bóveda muy original y de difícil construcción. La bóveda sextipartita, es decir, los nervios diagonales cruzados dividen la superficie a cubrir en seis partes. Su construcción compleja y la necesidad de dotar en tamaño considerable a la bóveda llevo casi a su abandono en construcciones posteriores. Siendo Notre Dame un modelo y ejemplo de dicha estructura constructiva.

Unas bóvedas que en parte han sido capaces de resistir el incendio. La aguja de 96 metros de altura, construida por Viollet le Duc sin embargo no pudo resistir el pasto de la llamas y se desplomó sobre buena parte de la estructura del crucero y de la nave. La imagen impactante transmitida por todas las televisiones del mundo del colapso de la aguja de Viollet le Duc construida hacia el 1845, aparecía mediáticamente como la destrucción de más de 900 años de historia, y sin embargo no era así.

La catedral se empezó a construir hacia el 1163 aunque se acabó en su totalidad en el 1345 y la aguja derrumbada fue un elemento enteramente nuevo construido en 1845 por el célebre arquitecto Viollet le Duc, que intervino en la restauración de la catedral incorporando elementos nuevos como es esta aguja y las gárgolas con cierto aire neogótico, dotando a la Catedral un sky Line que desde el 1300 nunca había tenido. Una actuación que cambió y definió la imagen exterior de la catedral, incorporando un elemento nuevo sobre una construcción que tenía en ese momento más de 500 años de existencia.

Pensemos que hasta la incorporación de esta alta y esbelta aguja, Notre Dame se caracterizaba exteriormente solo y exclusivamente por las dos torres simétricas de su fachada occidental.

Francia es un ejemplo de integración de lo antiguo con lo moderno

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En el proceso actual que sin duda tendrá que aplicarse para su reconstrucción, se barajan diversas hipótesis, desde las meramente historicistas como una réplica fiel de lo existente antes del incendio, hasta soluciones más innovadoras que pretenden, al igual que en el 1845 hizo Viollet Le duc, borrar falsos históricos y acometer su reconstrucción según criterios actuales.

En este aspecto, Francia ha sido un ejemplo de integración de lo antiguo con lo moderno, véase por ejemplo El Centro Pompidu de los arquitectos Rogers y Piano, o bien la pirámide de vidrio en el Louvre del arquitecto Pei.

Parece ser que se convocará un concurso público internacional entre arquitectos para establecer nuevas ideas para su reconstrucción.

En principio y a la espera de que se resuelvan las bases para este concurso, puede parecer que la inquietud de las autoridades convocantes venga determinada por una clara intencionalidad de actuar sobre la Catedral con criterios de actualidad. Aplicando la tecnología de la construcción más avanzada sin replicas con el original desaparecido.

Es de suponer que en un plazo más o menos corto conoceremos cuales son las reglas que determinaran las bases para su construcción. Lo que sí que es cierto que desde aquí creemos que su reconstrucción tendrá que abandonar un mimetismo histórico simulado, aportando a esta magnífica catedral gótica un acento contemporáneo que nos ayude con la modernidad actual, a avivar la memoria de lo que pasó aquel 15 de abril de 2019.

Jaime de Oleza
Arquitecto
14.05.2019