Minimalismo versión 3.0

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Desde que el célebre arquitecto alemán Mies Van Rohe, allí por los años 30, sentenció “less is more” (menos es más) las cosas ya no han sido iguales. Aquello que se hubiera podido entender exclusivamente en el ámbito de la arquitectura en poco tiempo paso a ser todo un fenómeno cultural y social. El impacto de una nueva forma de hacer la arquitectura despojando lo superfluo así como los elementos sobrantes, en poco tiempo se vio con la aceptación muy mayoritaria de las vanguardias de entonces. La reducción racionalista emprendida por otro gran arquitecto como Le Corbusier empezó a popularizarse. Y en los años 90, algunos diseñadores de moda y arquitectos principalmente de Londres y Nueva York, empezaron a sentar las bases más allá de la arquitectura.

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Pabellón Mies van der Rohe en Barcelona

Una nueva forma de hacer arquitectura despojando lo superfluo así como los elementos sobrantes.

Diseñadores y arquitectos como Pawson, Chipperfield, Tadao Ando, y otros, emplearon en sus primeras tiendas y galerías de arte, una corriente artística que principalmente aprovechaba la geometría elemental de las formas para reducirlas a su esencia. Al mismo tiempo, esta necesidad funcional-artística les aportaba a sus proyectos una cierta estrategia casi bien comercial. Porque lo que era importante en sus proyectos era el contenido más que el continente. Un principio que establecía una idea muy básica, que era no distraer al espectador con elementos superfluos, y de esta manera valoraba el contenido de lo que estaba en el interior del espacio arquitectónico. Lógicamente eso era lo importante. Gracias a una geometría simple y a las propiedades de los mismos materiales, conjuntamente con la incorporación de los colores monocromáticos, se dibujaba una unidad en la que sus partes conjuntadas conformaban el todo bajo una perspectiva purista.

Aprovechar la geometría elemental de las formas para reducirlas a su esencia y no distraer al espectador con elementos superfluos.

Un concepto que tenía como principio generador la economía de la forma y la austeridad de los materiales y elementos. Para que estos fueran fácilmente identificables. Una estética que pretendía despojar cualquier connotación simbólica y una exuberancia barroca innecesaria.

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La corriente cultural pronto invadió otros ámbitos artísticos como es en la pintura. El artista Ad Reinhart, con sus obras y pinturas del silencio, establecía la ausencia de contenido formal. O bien en la escultura con el artista Robert Morris. Un escultor norteamericano reduccionista. Un artista conceptual considerado uno de los teóricos más destacados del Minimalismo.

Un principio que se podía extrapolar a una nueva forma de interpretar la vida.

En este escenario cultural se fraguaron las primeras consideraciones que derivarían en lo que hoy día se entiende el Minimalismo como una forma de vida. Aquellos principios conceptuales que servían de marco de expresión para las corrientes artísticas y arquitectónicas de la época, pronto se vieron que podían definir una concepción novedosa para nuestra sociedad. Es decir, del mismo modo como ya se había introducido en la arquitectura y en las artes plásticas, una idea generadora de lo máximo con lo mínimo indispensable.

robert morris

Aquellos principios conceptuales que servían para las corrientes artísticas y arquitectónicas de la época, pronto se vieron que podían definir una concepción novedosa para nuestra sociedad en una nueva forma de interpretar la vida.

De ahí surgió una nueva manera de entender lo que nos rodea y la relación que tenemos con nuestro entorno más cercano. Una mirada diferente y más sostenible. La reflexión provenía que llenamos nuestra vida y nuestro hogar, en definitiva todo lo que nos rodea, con objetos y cosas en ocasiones inservibles. Gastando el dinero casi más rápidamente de lo nos cuesta tenerlo. Una sociedad de consumo muchas veces inútil, en la que llegamos a tener demasiadas cosas que en la mayoría de las veces son anclas de las que nos es muy difícil escapar y deshacernos de ellas. Un consumo desenfrenado que nos impide ver lo que realmente es superfluo, y desde luego nos limita a poder simplificar nuestra existencia.

El Minimalismo da respuesta a esta locura consumistas como un nuevo estilo de vida de vivir con menos, menos cargas y tener lo que realmente es importante, porque en muchas ocasiones los bienes y las cosas nos dan preocupaciones y dolores de cabeza.

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La felicidad reside en tener exclusivamente lo que necesitamos, cubrir las necesidades básicas con un consumo responsable. Despojarnos del estrés de tener más y más. El lema principal del Minimalista es invertir en experiencias y relaciones personales en vez de invertir en objetos y bienes. Es decir, poseer solamente aquello que se necesita para vivir y que es realmente importante.

El lema principal Minimalista es invertir en experiencias y relaciones personales en vez de invertir en objetos y bienes.

En definitiva, el Minimalismo versión 3.0, representa un nuevo avance social que sin duda nos proporcionará mayores satisfacciones y menores cargas.

El Minimalismo actual, una vez superadas las corrientes culturales, nos abre las puertas a un nuevo concepto de satisfacción de no tener nada en exceso. Una opción que sin duda nos puede hacer más felices porque de la misma manera que en la arquitectura menos es más, en nuestra vida pasa exactamente lo mismo. Y aunque nos creamos que todas esas cosas superfluas nos satisfacen, no es cierto, porque la realidad es que usamos mucho menos de lo que tenemos.

Jaime de Oleza
Arquitecto
06.10.2020